Autopistas Dominicanas: cuando la velocidad se cruza con el riesgo
Por Ing. Junior Matos
La República Dominicana aparece de forma reiterada entre los países con mayor tasa de muertes por accidentes de tránsito en el mundo. Mientras otras naciones reducen sus cifras con mejores diseños viales y control efectivo, aquí seguimos normalizando que las carreteras sean escenarios cotidianos de tragedia.
Las principales vías del país —la Autopista Duarte, la Autopista 6 de Noviembre y la Autopista Las Américas, junto con la Autopista 30 de Mayo— cumplen un rol clave para la economía y la movilidad del país. Sin embargo, muchas de ellas presentan un problema estructural: Son llamadas autopistas, aunque en la práctica operan como carreteras comunes de alta velocidad.
Una autopista debe tener control
total de accesos,
sin cruces, sin intersecciones, ni semáforos. En cambio, en gran parte de nuestras vías existen intersecciones directas, retornos improvisados, accesos desde comunidades
y, en algunos tramos,
semáforos. Este diseño obliga a frenar, reducir, estar al pendiente de los cruces, girar de forma peligrosa
y compartir espacio
con peatones y motocicletas en zonas de alta velocidad. El resultado es predecible: más choques, más atropellos y más muertes.
La Autopista 30 de Mayo ilustra bien esta contradicción. Es una vía urbana de alta capacidad, con cruces y semáforos, pero su denominación como “autopista” induce a circular rápido en un entorno que no está preparado para ello. La percepción de seguridad que da el nombre choca con la realidad de su operación diaria.
No basta con señalar al conductor. Mientras la educación vial y el control efectivo de la Ley de Tránsito continúan siendo puntos débiles en la República Dominicana, la infraestructura mantiene condiciones que favorecen el riesgo.
La infraestructura también educa. Cuando una vía permite
errores graves, esos errores se pagan con vidas humanas. Si el país aspira a reducir su vergonzoso lugar en las
estadísticas mundiales, debe comenzar por reconocer que muchas de sus autopistas son autopistas a medias.
Llamarlas autopistas no las hace seguras. Convertirlas en verdaderas autopistas, sí podría salvar vidas.
Santo Domingo Este, República Dominicana 17 de febrero de 2026



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