El feminicidio en la República Dominicana: un tema de hombres
En la República Dominicana, hablar de feminicidio ya no puede limitarse a una simple estadística ni a una noticia más en los medios de comunicación. Cada mujer asesinada deja una familia destruida, hijos marcados por el dolor y una sociedad que poco a poco pierde sensibilidad ante una tragedia que crece de manera alarmante.
En lo que va de año, más de 30 mujeres han perdido la vida a manos de sus parejas o exparejas, representando un aumento de un 36.4 % en comparación con el mismo período del año anterior. Esta realidad obliga a reflexionar seriamente sobre el papel del hombre en la sociedad dominicana y sobre la urgente necesidad de transformar la cultura de violencia y machismo que aún persiste en muchos espacios.
El feminicidio no es solamente un problema de mujeres; es, sobre todo, un problema de hombres. Son hombres quienes, en la mayoría de los casos, ejercen violencia, control, amenazas y finalmente terminan arrebatando vidas. Por eso, la solución debe comenzar también desde el hombre, desde la educación emocional, desde la formación en valores y desde la capacidad de entender que amar nunca puede significar dominar, humillar o destruir.
La República Dominicana ha dado pasos importantes en materia judicial. La condena por feminicidio, tipificada en el Código Penal Dominicano mediante la Ley 74-25, establece penas de 30 a 40 años de prisión. Sin embargo, las leyes por sí solas no bastan cuando la violencia ya ha escalado hasta convertirse en tragedia. La verdadera batalla debe librarse antes: en la prevención.
Es urgente educar desde la infancia sobre igualdad, respeto y resolución pacífica de conflictos. Debemos enseñar a las nuevas generaciones que los celos enfermizos, el control excesivo, la manipulación y la violencia psicológica no son muestras de amor, sino señales de peligro. Muchas veces el feminicidio anuncia su llegada mucho antes del crimen, pero la sociedad decide ignorar las señales.
También resulta necesario fortalecer los mecanismos de protección para las víctimas. Las denuncias de violencia intrafamiliar deben ser tomadas con la seriedad que merecen, garantizando respuestas rápidas y efectivas por parte de las autoridades. Muchas mujeres denuncian y aun así terminan siendo asesinadas, lo que evidencia fallas institucionales que no pueden seguir siendo ignoradas.
Otro aspecto fundamental es el apoyo integral a las mujeres en situación de riesgo. Las casas de acogida, los programas de ayuda económica y el acompañamiento psicológico son herramientas esenciales para romper el círculo de violencia y dependencia que obliga a muchas víctimas a permanecer junto a sus agresores por miedo o falta de oportunidades.
Pero además de políticas públicas y sanciones judiciales, hace falta un cambio profundo en la mentalidad masculina. Los hombres deben asumir el compromiso de rechazar la violencia en todas sus formas, de educar con el ejemplo y de entender que la verdadera hombría no se demuestra con poder ni imposición, sino con respeto, responsabilidad y control emocional.
El Feminicidio en la República Dominicana: Un Tema de Hombres
En la República Dominicana, hablar de feminicidio ya no puede limitarse a una simple estadística ni a una noticia más en los medios de comunicación. Cada mujer asesinada deja una familia destruida, hijos marcados por el dolor y una sociedad que poco a poco pierde sensibilidad ante una tragedia que crece de manera alarmante.
En lo que va de año, más de 30 mujeres han perdido la vida a manos de sus parejas o exparejas, representando un aumento de un 36.4 % en comparación con el mismo período del año anterior. Esta realidad obliga a reflexionar seriamente sobre el papel del hombre en la sociedad dominicana y sobre la urgente necesidad de transformar la cultura de violencia y machismo que aún persiste en muchos espacios.
El feminicidio no es solamente un problema de mujeres; es, sobre todo, un problema de hombres. Son hombres quienes, en la mayoría de los casos, ejercen violencia, control, amenazas y finalmente terminan arrebatando vidas. Por eso, la solución debe comenzar también desde el hombre, desde la educación emocional, desde la formación en valores y desde la capacidad de entender que amar nunca puede significar dominar, humillar o destruir.
La República Dominicana ha dado pasos importantes en materia judicial. La condena por feminicidio, tipificada en el Código Penal Dominicano mediante la Ley 74-25, establece penas de 30 a 40 años de prisión. Sin embargo, las leyes por sí solas no bastan cuando la violencia ya ha escalado hasta convertirse en tragedia. La verdadera batalla debe librarse antes: en la prevención.
Es urgente educar desde la infancia sobre igualdad, respeto y resolución pacífica de conflictos. Debemos enseñar a las nuevas generaciones que los celos enfermizos, el control excesivo, la manipulación y la violencia psicológica no son muestras de amor, sino señales de peligro. Muchas veces el feminicidio anuncia su llegada mucho antes del crimen, pero la sociedad decide ignorar las señales.
También resulta necesario fortalecer los mecanismos de protección para las víctimas. Las denuncias de violencia intrafamiliar deben ser tomadas con la seriedad que merecen, garantizando respuestas rápidas y efectivas por parte de las autoridades. Muchas mujeres denuncian y aun así terminan siendo asesinadas, lo que evidencia fallas institucionales que no pueden seguir siendo ignoradas.
Otro aspecto fundamental es el apoyo integral a las mujeres en situación de riesgo. Las casas de acogida, los programas de ayuda económica y el acompañamiento psicológico son herramientas esenciales para romper el círculo de violencia y dependencia que obliga a muchas víctimas a permanecer junto a sus agresores por miedo o falta de oportunidades.
Pero además de políticas públicas y sanciones judiciales, hace falta un cambio profundo en la mentalidad masculina. Los hombres deben asumir el compromiso de rechazar la violencia en todas sus formas, de educar con el ejemplo y de entender que la verdadera hombría no se demuestra con poder ni imposición, sino con respeto, responsabilidad y control emocional.
El feminicidio seguirá cobrando vidas mientras como sociedad continuemos viendo este problema como un asunto ajeno. No basta con indignarse cuando ocurre una tragedia; hay que actuar antes. Porque cuando una mujer es asesinada por su pareja, no fracasa solamente una relación: fracasa la familia, fracasa el sistema y fracasa toda la sociedad dominicana.
El feminicidio seguirá cobrando vidas mientras como sociedad continuemos viendo este problema como un asunto ajeno. No basta con indignarse cuando ocurre una tragedia; hay que actuar antes. Porque cuando una mujer es asesinada por su pareja, no fracasa solamente una relación: fracasa la familia, fracasa el sistema y fracasa toda la sociedad dominicana.
Autor Francisco Escolástico




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