Maestros "aburridos” y estudiantes "embobados”
Por Juan Salazar
En una primera clase de historia, cuando comencé a cursar la carrera de Comunicación Social, el profesor César Ogando asignó una investigación sobre el primer gobierno del general Pedro Santana. Al siguiente sábado –la docencia era una vez a la semana ese día- preguntó quiénes habían cumplido con la encomienda. Mi compañero Luis Tavárez y yo levantamos el brazo derecho en señal de aceptación, pero fui seleccionado para hacer esa exposición.
Luego de exponer detalladamente sobre esa primera gestión del posteriormente proclamado “Marqués de las Carreras”, el docente me sorprendió con una pregunta: ¿Salazar, dígame tres características del primer gobierno de Pedro Santana? No supe cómo responderle. En realidad, había expuesto un texto memorizado, lo que en ese tiempo llamábamos "una botella".
Y a seguidas, hizo las siguientes reflexiones al curso. Salazar dijo que María Trinidad Sánchez, tía del prócer Francisco del Rosario, fue enjuiciada bajo el cargo de conspiración y ejecutada el 27 de febrero de 1845, en el primer aniversario de la Independencia Nacional. También mencionó que Santana ordenó fusilar a los hermanos José Joaquín y Gabino Puello, el 23 de diciembre de 1847. Otros opositores tomaron el camino del exilio y muchos fueron desterrados. Entonces preguntó: ¿La represión no fue una de las características de ese gobierno?
Y prosiguió. Salazar, nos dijo que el ministro de Hacienda de ese gobierno, Ricardo Miura, fue acusado de malversación de fondos. Mencionó que otros actos dolosos y desacertadas medidas económicas provocaron la devaluación del papel moneda al caer a una tasa de cambio de 250 pesos nacionales por uno fuerte. Y preguntó: ¿No fue la corrupción una característica del gobierno de Santana?
Salazar también detalló las gestiones de Santana para lograr un protectorado de España, Francia o Inglaterra. Y cuestionó, ¿no fue una característica de ese gobierno de Santana su falta de fe en el destino de la naciente República Dominicana como nación libre, independiente y soberana?
Su sugerencia fue que, al leer sobre cualquier acontecimiento histórico, debíamos reparar en esos detalles, además de identificar causas y consecuencias.
A partir de ese momento el aula se convirtió en un escenario de agudos y desafiantes debates entre el docente y sus estudiantes. Y lo más interesante fue que ese espíritu de competitividad e inquietudes académicas también se extendió a la mayoría de las asignaturas de la carrera. Fue un docente que dejó en ese grupo de pupilos una huella indeleble.
Todo eso fue hurgando en libros, acompañados muchas veces del silencio para la meditación que aportan las bibliotecas, sin la facilidad y comodidad que otorgan actualmente las modernas tecnologías de la información y la comunicación, incluida la Inteligencia Artificial (IA) que tanto aporta, para que los estudiantes terminen sin hacer nada.
Comparto ese episodio de mi etapa como estudiante, ahora colocado en la acera del frente como docente universitario, por el debate que ha desatado el desalentador desempeño de alumnos dominicanos de 15 años, según las pruebas PISA, en tres áreas evaluadas: ciencias, matemáticas y comprensión lectora.
Según los resultados divulgados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), República Dominicana figura como el tercer país de Latinoamérica con la calificación más baja en esas pruebas, solo por encima de Paraguay y Guatemala.
De las tres áreas evaluadas, debe preocupar principalmente la baja puntuación de los estudiantes dominicanos en comprensión lectora, una de las competencias esenciales en el proceso enseñanza-aprendizaje.
Pero a mí lo que más me desanima no son los resultados de esas pruebas, sino los intentos por exculparse de todos los actores que tienen una cuota de responsabilidad compartida en esos desmoralizadores resultados.
Sociedades de padres, madres y tutores de escuelas apáticas como siempre, autoridades educativas justificándose en lugar de admitir el “mea culpa” y el principal gremio de profesores lanzando todos sus dardos hacia la burocracia estatal, obviando que sus afiliados son un componente vital en la formación de estudiantes críticos e incisivos.
El ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, Rafael Santos Badía, exhortó a ser más benévolos con el país porque los europeos tuvieron también un pobre desempeño. Obvió que países asiáticos ocuparon los primeros lugares en ciencias y matemáticas; Singapur lideró en lectura, mientras Macao, Taiwán, Japón y Corea del Sur completaron los lugares de honor.
Recordarle también al funcionario que, precisamente la semana pasada, se divulgó la información de que El Salvador, un país latinoamericano, triplicando la inversión y, con una estrategia basada en reconstrucción de centros educativos, tecnología y formación del profesorado, ha colocado su sistema educativo al nivel de naciones como Suecia y Alemania.
En nuestro patio, con una asignación presupuestaria cercana a RD$2.2 billones en los últimos diez años, seguimos teniendo magros resultados.
El ministro apeló incluso a un juicio escatológico para resumir las falencias de la educación en el país: “Los muchachos se entretienen más con teléfonos inteligentes, tablets, con algoritmos y les están prestando menos atención a los maestros aburridos y a las lecturas que son en textos impresos”.
No pienso que el profesor de historia mencionado al principio fuera un “docente aburrido” y que leer textos impresos atrofiara mi formación académica. De César Ogando me impresionó su vocación para la docencia desde que lo vi entrar ese primer día al salón de clases, ubicado en una cuarta planta y sin la facilidad de un ascensor, apoyándose en un bastón debido a una discapacidad causada por la polio.
Si considero acertado el planteamiento del ministro Santos Badía de que es necesario revisar el modelo educativo dominicano y adaptarlo a las nuevas formas de aprendizaje de los estudiantes, pero sin pensar que las tecnologías son la gran panacea.
En Suecia, por lo menos en el nivel inicial, están retomando el uso de libros, el papel y lápices en las aulas, con el objetivo de revertir la caída de los niveles de alfabetización.
Aunque la decisión ha sido criticada por empresas tecnológicas, educadores e informáticos, el gobierno sueco estima que las clases sin pantallas crean mejores condiciones para que niños y niñas se concentren y desarrollen sus habilidades de escritura y lectura.
Ese cambio en Suecia, una de las sociedades con mayores avances tecnológicos de Europa, involucró a investigadores académicos, organizaciones docentes, organismos públicos y municipios. En edades más avanzadas si se permitirá todo el potencial que aportan las tecnologías en la formación académica.
El gobierno espera que el regreso a métodos de enseñanza más tradicionales ayude a mejorar la posición de Suecia en el ranking de PISA.
Las aulas pueden ser espacios divertidos para docentes y estudiantes.
Una queja en ese país nórdico es que se introdujeron muchos dispositivos y tecnología en las aulas sin una intención pedagógica y metas claras.
República Dominicana puede apelar a lo mejor de las tecnologías y de la enseñanza tradicional que nos legó el intelectual puertorriqueño Eugenio María de Hostos.
Mi opinión es que, si un estudiante no siente pasión por la lectura, desechará un texto tanto impreso como digital.
Pero también, profesores capacitados y con vocación para la enseñanza, pueden despertar en sus estudiantes la comprensión lectora tan necesaria para forjar a futuros profesionales con pensamiento crítico, en lugar de borregos que se dejen manipular y confundir.
Elevar la calidad de la educación dominicana parecería una tarea ciclópea, pero posible si cada arista del sistema admite su cuota de responsabilidad en el estancamiento y deterioro en algunos aspectos, pero con el mejor ánimo de aportar y recomponer.
Los colores partidarios deben echarse a un lado en ese objetivo ineludible. Los resultados de las pruebas PISA deben convertirse en el motor que nos impulse como nación a construir un sistema educativo ejemplar.
Y sí, podemos convertir las aulas en espacios divertidos para docentes y estudiantes. Sin maestros “aburridos” y sin estudiantes “embobados” frente a las pantallas electrónicas.


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