Otras maneras de “farmear aura”
Por Juan Salazar
Como docente universitario he notado –más en los últimos años- que prácticas y exámenes considerados “difíciles” para la mayoría de mis estudiantes, a una cantidad muy reducida les resulta “pan comido”.
La diferencia está en el enfoque. Esos estudiantes con desempeños y calificaciones excelentes, apelando a una expresión muy coloquial, se “ponen para lo suyo”.
Y regularmente son los que menos apelan actualmente a la Inteligencia Artificial (IA) para acometer sus tareas académicas. Una herramienta tecnológica eficaz si se utiliza con prudencia, pero que genera una dependencia perjudicial cuando termina haciendo todo lo que necesitamos.
Las modernas tecnologías, sin dudas, ofrecen valiosas oportunidades a niños, niñas y adolescentes, pero también la distracción y, en el peor de los casos, la adicción que impide un sano crecimiento y desarrollo.
A finales del pasado mes, el gigante tecnológico Meta aceptó pagar US$18,000 millones, a raíz de un acuerdo judicial por la acusación de violar leyes de protección a menores de edad con sus plataformas de redes sociales, especialmente Facebook e Instagram.
La firma ha negado la acusación, pero acordó pagar la millonaria suma tras una demanda colectiva que impulsaron 29 estados de Estados Unidos contra la empresa dirigida por Mark Zuckerberg.
El alegato fue que Meta diseñó esas redes sociales para que resulten adictivas para los niños, niñas y adolescentes, con funciones como la reproducción automática de videos y las historias creadas para mantenerlos atados a ellas el mayor tiempo posible.
Pues son esas redes sociales y medios de comunicación que se suman, los principales promotores también de esas tendencias que atrapan a millones de jóvenes latinoamericanos, como recientemente “farmear aura” y en febrero pasado los “therians”.
“Farmear aura”, según la definición que da esa IA que tanto fascina, es una expresión que describe la tendencia de realizar acciones con estilo, seguridad o carisma para acumular prestigio social o “puntos invisibles”.
Significa sumar puntos de prestigio mediante actitudes calmadas, poses graciosas, bailes o reacciones que impresionan a los demás.
El pasado domingo 6 de septiembre, un grupo de jóvenes dominicanos protagonizó el primer duelo público de este tipo en la Plaza San Antón de la Ciudad Colonial, en presencia incluso de sus madres y padres.
En los días subsiguientes, debido a los comentarios negativos en las mismas redes sociales que promueven estas tendencias, algunos progenitores gestionaban en los medios de comunicación que fueran eliminadas imágenes y vídeos captados durante la actividad.
Alegaban los riesgos de “bullying” (acoso escolar) y burlas que pudieran sufrir sus hijos luego de exhibir en público sus dotes de “farmeadores de aura”.
Los therians, la tendencia que le precedió, pero que ya pierde impacto en el país, son personas que se identifican a nivel psicológico o espiritual con uno o varios animales.
Quiero aclarar al llegar a este punto que no estoy en total desacuerdo con ambas tendencias, si propósitos y enfoques fueran distintos.
En las vías públicas hay también a diario múltiples oportunidades de “farmear aura”, como ayudando a personas con limitaciones físicas o de avanzada edad a cruzar calles y avenidas.
Considero positivo que las personas se identifiquen con algunos animales e insectos que poseen virtudes que podrían convertirlos en mejores seres humanos, optimizando su accionar personal y hasta profesional.
Para muestra dos botones. Las hormigas y su impresionante capacidad para trabajar en equipo, poniendo el bien común por encima de la individualidad. Son también un símbolo de constancia, esfuerzo y previsión. Sorprende que puedan llevar cargas por encima de su propio peso.
Y las abejas son las principales polinizadoras del planeta, aportan productos beneficiosos para la humanidad y sobresalen por su efectiva organización social.
Si de esa manera cualquiera quiere sentirse “therian”, pues bienvenido sea.
Sobre “farmear aura”, hay otros enfoques que permitirían a los jóvenes ganar aceptación y puntos sin incurrir en gansadas que no aportan nada.
La semana pasada se informó que República Dominicana figura como el tercer país de Latinoamérica con la calificación más baja en las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), solo por encima de Paraguay y Guatemala.
Los resultados evidencian un bajo desempeño de los estudiantes dominicanos en las tres áreas evaluadas: ciencias, matemáticas y comprensión lectora.
En ese ámbito deberían niños, niñas, adolescentes y jóvenes del país comenzar a “farmear aura” mostrando un mejor desempeño educativo y los padres convertirse en sus principales motivadores.
Destilarían mucha aura si obtienen sus calificaciones sin recurrir a trampas en las pruebas o a la Inteligencia Artificial para que les haga sus prácticas.
También si asumen responsabilidades en el hogar. Por ejemplo, mantener sus habitaciones limpias y ordenadas.
Cediéndoles asientos en el Metro y autobuses del transporte público a personas con vulnerabilidades.
Los jóvenes que ya incursionan en la política pueden “farmear aura” rompiendo con los viejos y arraigados moldes del partidismo tradicional, especialmente la búsqueda del beneficio particular, el clientelismo y el transfuguismo.
Las adolescentes evitando quedar embarazadas en la adolescencia o caer en una unión temprana. Sumándose incluso a campañas como la prevención del síndrome alcohólico fetal, iniciativa conmemorada el pasado día 9 del mes 9, en alusión al tiempo que dura una gestación normal.
En las vías públicas hay también a diario múltiples oportunidades de “farmear aura”, como ayudando a personas con limitaciones físicas o de avanzada edad a cruzar calles y avenidas. O colocando la basura en zafacones.
Podrían practicar, además, algún deporte o actividades artísticas.
Y los medios de comunicación difundir más estas acciones.
Mientras ese domingo un grupo de jóvenes daba brincos y hacía raras musarañas en la Ciudad Colonial, donde hay tantos museos y primicias que ver, para “farmear aura”, el pasado 31 de agosto, pero con baja difusión, otro encontró una manera distinta de lograr prestigio: Decidieron alcanzar el récord Guinness de 480 horas de lectura continua en voz alta.
Y no se trata de menospreciar la tecnología y sus aportes a la educación. Pero no es casual tampoco que países nórdicos estén reduciendo el uso de las pantallas en sus centros educativos y retornando a los libros de texto, cuadernos y lápices.
No se puede seguir formando a estudiantes que necesiten la calculadora del celular para conocer el resultado de multiplicar 2 x 2.
Un estudio de Unicef reveló que el 23 % de los usuarios de internet en el país, de entre 12 y 17 años, estuvo expuesto a alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología.
En la misma semana que se difundieron los resultados de la prueba PISA, otra investigación de Unicef pasó casi desapercibida, pero sus hallazgos son igual de preocupantes.
El estudio “Disrupting Harm” (Interrumpir el daño), realizado por Unicef, ECPAT International y la Interpol, reveló que el 23 % de los usuarios de internet de entre 12 y 17 años, unos 272,000 adolescentes en todo el país, estuvo expuesto a alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología durante los últimos 12 meses. Esta prevalencia es la más alta entre los 15 países donde se ha medido este fenómeno.
Dos hallazgos preocupantes de la investigación son que, en el 68% de los casos, quien ejerció la violencia era una persona cercana al adolescente, como un familiar, amigo, conocido o pareja sentimental. Y el otro, menos del 1 % de los casos fue denunciado a las autoridades.
Entre las principales formas de violencia identificadas están la exposición a contenido sexual no deseado, las solicitudes de contenido sexual, las ofertas de dinero o regalos a cambio de imágenes, las amenazas y la difusión sin consentimiento de contenido íntimo.
Facebook e Instagram, precisamente las redes sociales más atacadas en la demanda millonaria contra Meta citada anteriormente, estuvieron entre las plataformas más mencionadas en ese estudio, con la advertencia de que la violencia digital puede trascender el entorno virtual y extenderse al mundo físico.
Si como sociedad no prestamos atención a resultados tan reveladores de las pruebas PISA y del estudio “Disrupting Harm”, pronto, como se vaticinó con la pandemia del Covid-19, estaremos viendo secuelas psicoemocionales irreversibles en nuestra población infanto-juvenil.
Hay que ir más allá de las críticas, las burlas y las condenas mediáticas. Niños, niñas y adolescentes dominicanos enfrentan actualmente desafíos que ameritan un reenfoque de sus anhelos y un acompañamiento más cercano.
La adicción a las tecnologías y esas tendencias no pueden ganarnos la batalla como país en la educación y formación ejemplar de los ciudadanos del presente y el futuro.


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