Más alejado del ruido digital
POR JUAN SALAZAR
El vídeo que se hizo viral muestra a una adolescente golpear insistentemente a otra, pese a que ella hacía todo el esfuerzo para evitar la confrontación, alejándose y cubriéndose el rostro.
La mayoría de las reacciones sobre el audiovisual que leí estaban por igual cargadas de violencia, indignación, irritabilidad e incluso de rabia tanto hacia la agresora como como a la jovencita calificada de “bobalicona” porque no se supo defender.
Pues, amables lectores, les confieso que, precisamente por contenidos similares a ese que tanto abundan en redes sociales, este domingo cumplí cinco meses cada día más alejado de eso que los expertos han denominado “ruido digital”, o sea, la exposición a notificaciones continuas, sobrecarga de información y contenidos diversos, en su mayoría con una elevada carga de violencia. Esa exposición constante a pantallas de equipos electrónicos que tanto alteran nuestro estado emocional, aunque a veces no lo percibamos.
El móvil se ha convertido en un artefacto tan imprescindible en la vida cotidiana, que es lo primero que se toma al despertar y lo último que se suelta antes de ir a dormir. A muchos incluso termina venciéndoles el sueño conectados y amanecen con sus celulares al lado de la almohada.
Pero mucho más. Hace tiempo que el ciberespacio le está ganando la batalla a las conexiones reales cada día más ausentes en el diario vivir, si es que podemos llamarle vida a esa intoxicación digital.
Y así, poco a poco, la atención y validación virtual se han convertido en parte de los bienes más preciados del ser humano. La mayor felicidad ahora proviene principalmente de los “visto”, “me gusta”, “compartido” y “comentarios” que tanto aportan al éxtasis emocional momentáneo.
Pero en realidad el efecto es totalmente contrario. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que los entornos digitales pueden tener efectos negativos sobre el bienestar psicológico, especialmente cuando existe un uso excesivo o poco equilibrado de la tecnología.
Expertos en la conducta y la socialización humana han advertido también que la exposición incesante al ruido digital termina generando un “ruido mental”, término usado para describir esa sensación de pensamientos constantes, saturación emocional y dificultad para desconectarse mentalmente.
Y estudios recientes plantean que ese ruido digital eleva los niveles de estrés, provoca trastornos del sueño y afecta la concentración, además de incrementar las posibilidades de sufrir ansiedad y depresión.
Aunque sin dudas los dispositivos digitales facilitan diversas tareas, permitiéndonos ahorrar tiempo y dinero, la exposición constante a otras rutinas virtuales que aportan tan poco al bienestar, han terminado modificando nuestra forma de pensar, actuar, descansar y de relacionarnos con nuestro entorno.
Si eres de quienes se llevan el celular al comedor, al baño, a la cocina mientras preparas alimentos, vas chequeándolo en tu vehículo o en el transporte público camino al trabajo o a cualquier otra diligencia, a la espera de una consulta o de un procedimiento médico.
Si te pasas la mayor parte del día atento y respondiendo con el movimiento continuo de tu dedo índice hacia arriba, a las notificaciones de redes sociales, correos electrónicos, chats de grupos y de amigos, a lo último de medios de comunicación, a la vida ideal o conflictiva de las celebridades y a las tendencias.
Si entras en pánico cuando no recuerdas donde dejaste el celular o si de repente “te estás quedando sin carga”, en definitiva, si no puedes estar alejado aunque sea por unos segundos de tus dispositivos electrónicos, pues debes saber que has desarrollado un nivel de dependencia crónico.
En mi caso, ese proceso de desintoxicación digital me ha ayudado a restaurar el equilibrio tan necesario entre lo virtual que uso como herramienta de trabajo y en diversas actividades cotidianas, y el contacto real que proporciona un descanso mental indispensable para reponer energías.
Y no se trata de vivir aislado del mundo virtual. Imposible en un mundo tan interconectado. Pero sí de reducir el agotamiento mental que puede generar la conexión digital sin pausas.
El internet te da lo que buscas. Si abres un contenido de peleas, disputas o discusiones en las vías públicas, de repente te salen otros similares, incluidos aquellos en que medios de comunicación te advierten que observarás imágenes “sensibles”. Sin darte cuenta quedas atrapado por esa sobrecarga de violencia y de otros contenidos que nada aportan a tu paz y descanso emocional.
Actualmente, estar más alejado del ruido digital me ha permitido recuperar el hábito de la lectura, la creatividad que estuvo adormecida, el autocontrol, la interacción real, patrones de sueño saludables y tiempos para el descanso que había abandonado, incluso dando lugar a momentos de no hacer nada.
Uno de los libros que leo a diario es la Biblia, para mí una fuente actualizada y permanente de sabiduría. La escudriño desde Génesis, el primer libro, hasta Apocalipsis, el último, y cuando termino comienzo otra vez para mantener el hábito de lectura.
Aunque parezca una rutina para muchos cansona, en cada lectura encuentro detalles novedosos o aspectos en los que ahora reparo por una situación actual que esté viviendo.
Y ahora que voy por la carta del apóstol Pablo a los efesios, habitantes en la antigüedad de una localidad en Asia Menor, encontré el siguiente pasaje en el capítulo 4 versículo 31, cónsono con la necesidad de estar cada día más alejado del ruido digital: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia”.
Un retrato de cómo la conectividad constante puede terminar moldeando nuestro estado de ánimo y hasta nuestra percepción de la vida.




Escribe un comentario